Piscina comunitaria. Un placer, una carga o un tormento

Piscina comunitaria. Un placer, una carga o un tormento
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Según se mire. Todo en esta vida tiene varias lecturas y lo que en un principio pudiera parecer un placer, puede convertirse en una carga o un tormento. Disponer de una piscina en casa es un lujo, sin duda, algo que no está al alcance de todos. En los últimos años han proliferado las urbanizaciones que incluyen una piscina comunitaria, una manera de acercar el baño veraniego al común de los mortales.

Realmente es una oferta atractiva, quién va a negarlo, pero a la larga podemos descubrir que nos da más sinsabores que alegrías. Porque piscinas comunitarias hay de muchos tipos, tantas como comunidades de vecinos hay sobre la faz de la tierra, y todos sabemos que estas no siempre son la alegría de la huerta. La manera en que se gestionen darán unos u otros resultados, y el uso que los vecinos hagan de ellas marcará la diferencia entre un lugar agradable para todos o el coto privado de unos pocos vecinos.

En primer lugar, a la hora de decantarse por la compra de una vivienda con este tipo de servicio, hay que tener en cuenta y valorar seriamente el uso que de ella se vaya a hacer, y los gastos que su mantenimiento pueda generar.

Las piscinas están sujetas a una estricta normativa, según las zonas donde estén ubicadas, que obliga a disponer de diversos servicios, como son la contratación de un socorrista, la renovación de elementos y la adecuación de espacios para almacenar correctamente los químicos, entre otros. A todo esto se suma el servicio de mantenimiento necesario para una correcta conservación. Estamos hablando de una factura anual importante, en torno a unos 15.000 euros, que aunque la dividamos entre un gran número de vecinos, puede llegar a engrosar la cuota de comunidad hasta hacerla prohibitiva.

En algunas zonas, la necesidad de tener un socorrista viene dada por el número de vecinos; así, en un edificio con cincuenta vecinos será obligatorio, pero en una colonia de 15 chalés adosados podrán evitar ese gasto.

Juegos acuáticos

Otro de los temas importantes es el uso que se dé a la piscina y su entorno. Vivir en vecindad no siempre es fácil y es necesario tener unas normas mínimas de convivencia, así como otras que atiendan a la seguridad. Pero ahí es donde la educación de cada uno puede jugarnos una mala pasada. Hay familias que disfrutan viendo a sus cachorros tirarse de cabeza en la piscina, observando henchidos de orgullo como su niño es el más fuerte y valiente de todos, carne de collarín diría yo.

Aquí es donde la tarea del socorrista cobra importancia, ya que no solo está presente para intervenir en un accidente, sino en gran medida para evitarlo. Y no siempre se le pone fácil la tarea, por tanto es importante tener la imagen del socorrista como una autoridad verjas adentro.

Piscina comunitaria

El gusto por las últimas tendencias musicales no pasa por imponerlas al resto de vecinos, muchos bajan en chanclas buscando un rato de relax, y ofrecer al resto de usuarios los grandes éxitos del extinto Fary, por mucho que nos guste, no es de recibo. Comer en la zona puede originar problemas, ya que los restos de comida sirven de alimento a hormigas, pulgas y demás insectos. Una fumigación extra también acarreará gastos que originarán innecesarias derramas.

Hay que tener en cuenta que la piscina es de todos, por tanto dejar tendidas las toallas en la valla mientras nos ausentamos durante horas, o guardar el sitio extendiendo sillas y sombrillas mientras nos vamos de compras o a comer, son actitudes que perjudican el buen funcionamiento de este espacio común.

En fin, pensemos seriamente sobre la conveniencia de ingresar en una comunidad con piscina, y si al final lo hacemos, mantengamos el respeto y las formas, nuestros vecinos lo agradecerán y todos disfrutaremos por igual del refrescante baño.

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