Aspidistra: la planta que tenían nuestras abuelas y que está de plena actualidad por su resiliencia

Aspidistra
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Hay plantas que forman parte de nuestro imaginario colectivo porque los hemos visto desde que éramos peques. Plantas que muchos podrían calificar de viejunas, porque vestían y daban vida a casas, terrazas y patios de vecinos en tiempos de nuestras abuelas.

Pero por suerte, todo vuelve. Y muchas de esas plantas de siempre que durante algunas décadas habían sido denostadas por ser algo del pasado, ahora están de plena actualidad. Ese es el caso de la aspidistra. Una especie que vuelve con fuerza por varios motivos: entre ellos, su fortaleza y resistencia, y su prolongada vida (pueden llegar a vivir 100 años).

Cómo cuidar la aspidistra

La aspidistra elatior, conocida comúnmente pilistra u orejas de burro, es una planta originaria de China y Japón, donde crece en las zonas más umbrías de selvas y bosques. Gracias a su vistoso follaje, esta planta fue un ornamento muy común en las casas bien británicas durante la época victoriana, allá por el siglo XIX.

De crecimiento lento, esta es una planta todoterreno que no es nada exigente en cuanto a temperatura, riego, humedad ambiental. Puede sobrevivir incluso en espacios con apenas luz, lo que permite que sobreviva lustrosa en patios, vestíbulos o en comunidades de vecinos. Todos estos condicionantes hacen que sea una especie ideal para personas que comienzan a adentrarse en el cuidado de las plantas, o para personas olvidadizas o que viajan mucho.

Lo más importante es mantener alejada la aspidistra de la calefacción, y del sol directo, ya que los rayos queman sus hojas, llenándose de manchas marrones a la par que se deterioran sus puntas.

La planta resiste muy bien la falta de luz, de ahí que se ubique especialmente en espacios interiores; pero si quieres que aumente su velocidad de desarrollo y su frondosidad, es mejor que esté en un sitio luminoso, siempre alejada de la luz directa tal y como hemos explicado ya.

En interiores, es una planta que prospera bien incluso en espacios con poca luz, así que resulta realmente polivalente. Si bien con una situación luminosa aunque no expuesta a los rayos de sol, aumentará su velocidad de desarrollo y frondosidad.

A la hora de regarla, es cierto que esta especie sobrevive bien a la falta de agua. Pero si la riegas de forma regular, verás como luce más bella y frondosa. En verano, deberás regarla una vez a la semana, y en invierno, una vez cada 15 días. Eso sí: recuerda que la capa superficial del sustrato debe estar seca entre riegos.

Respecto al sustrato, la aspidistra necesita tener un buen drenaje para evitar la aparición de hongos. En este sentido, los suelos blandos que mezclen a partes iguales turba, tierra de jardín y un mantillo de hojas son perfectos. Además, deberás trasplantarlas cada dos años a otra maceta más grande.

Para acabar, debes abonar tu aspidistra durante la primavera y el verano, diluyendo el abono en el agua de riego cada 15 días aproximadamente. Así, conseguirás tener algo más de follaje y tamaño.

Respecto al abonado, durante la primavera y el verano se puede añadir cada 15 días diluido en el riego, para conseguir algo más de follaje y tamaño.

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